Están hiperconectadas. Usan aplicaciones para seguir el crecimiento de sus hijos. Aprenden sobre papillas con tutoriales de YouTube y consultan al pediatra por WhatsApp. Siguen cuentas en Instagram de médicos y psicólogos para informarse. Nacidas entre 1980 y 2000, las mamás de la generación millennial son protagonistas de cambios significativos en los procesos de crianza.

Según describen los expertos, esta nueva generación de mamás nativas digitales cuestionan los mandatos y se aferran más a sus deseos, a lo que les dicta el corazón. Un mayor acceso a la información les permite reinterpretar muchos temas relacionados a la maternidad. Consultan dudas sobre los hijos en blogs y redes sociales y comparten experiencias con otras madres en tribus virtuales. Son más flexibles y se inclinan por lo que llaman “crianza respetuosa”.

Este tipo de crianza se basa en maternar (y paternar también) desde el afecto, con la libertad de utilizar la intuición o el criterio propio, escapando de esta forma a los mandatos y a lo que dicen los manuales (no escritos) de la maternidad, especifica la psicóloga Agustina Ramírez Bustos.

Este concepto implica muchas cosas más: las mamás y papás prefieren que sus hijos puedan crecer libres y felices, armando su camino, sin estar preocupados por lo que la sociedad espera de ellos. “La crianza respetuosa siempre hizo referencia al respeto de las necesidades principalmente fisiológicas de los niños. Es una crianza que contempla los derechos de los pequeños, desde su nacimiento, respecto de su emocionalidad, su cuerpo y su salud”, explica la especialista, autora del espacio “Crianza Libre”. Crianza respetuosa contempla las elecciones y las decisiones de los niños, aunque no significa que se desdibujen los límites, aclara.

Al mismo tiempo, según describe Ramírez Bustos, la idea de este tipo de crianza es que se respeten las necesidades de todos los miembros de la familia. “La crianza respetuosa apunta hacia modelos de maternidad donde podamos incluir tiempo de calidad con nuestros hijos, pero también los tiempos personales que, por ejemplo, cada mujer necesite, ya sea para trabajar, ocuparse de su salud o tener sus pasatiempos”, apunta.

Según remarca la psicóloga Camila Menéndez Toro, especialista en maternidad y crianza, lo que se está viendo hoy son mamás que se animan a cuestionar los viejos modelos de maternidad, que la experta llama “rosa o edulcorado”. Son madres más abiertas al cambio, que buscan un ejercicio de la maternidad más real, imperfecto y menos rígido.

En ese sentido, describe que hay madres que tratan de acompañar las crianzas desde un lugar amoroso, que permite el desarrollo de las infancias propiciando estilos de apego seguros.

Testimonios

Estas mamás jóvenes, que tienen entre 20 y 40 años aproximadamente, viven lo que los especialistas denominan una “maternidad flexible”. Hacen oídos sordos a los consejos de las generaciones pasadas; por ejemplo, cuando les dicen que deben dejar a los chicos llorar para resolver sus problemas de sueño. Muchas están a favor del colecho, valoran el encuentro con sus hijos y están dispuestas a dedicarles tiempo de calidad sin resignar completamente su desarrollo profesional.

Juli Strazza es mamá de Delfina, de tres años. A ella le gusta tener una comunicación constante con su hija. “Y sobre todo busco mucha comprensión, poder ponerme en el lugar de ella cuando hace algún berrinche, cuando me pide algo, cuando llora o está enferma. En mi caso, trabajo ocho horas por día, así que cuando estoy en casa ella está muy apegada a mí. Busco brindarle tiempo de calidad. La comunicación es esencial; la escucho, le pregunto qué hizo en el día, cómo se sintió. Y cuando me reclama algo, la respeto y la escucho”, describe la joven mamá de 23 años.

Strazza piensa que ya no va más el modelo de crianza de antes, por el cual la mamá y el papá les exigían las cosas a sus hijos porque sí, sin dar argumentos. “Me gusta informarme constantemente en las redes sociales. En Instagram sigo especialistas que nos dan recomendaciones sobre crianza. Cuando alguien me quiere dar un consejo, lo escucho. Pero me llevo más por lo que dicen los profesionales; sigo a muchos pediatras y psicólogos en internet”, sostiene.

Juli se considera una mamá respetuosa y flexible. “Tengo días en los que estoy agotada, sobrecargada de cosas. Más allá de eso, siempre trato de que nos comuniquemos con Delfi, de llegar a acuerdos más que imponerle algo porque sí. Para mí, los límites son muy importantes. Pero considero que es necesario explicarle a un niño para que les quede una enseñanza”, evalúa.

Defiende el colecho y la lactancia materna. “A mi hija le di el pecho hasta los dos años a libre demanda; ella no tomó mamadera. Y dormimos juntas, aunque ya estamos en proceso de que empiece a dormir sola. Ella viene a mi cama, jugamos, vemos un rato la tele, luego leemos un cuento y dormimos abrazadas. Es algo único”, confiesa.

Gabriela Alejandra Luna, de 31 años, también se inclina por una crianza respetuosa. “Tengo tres hijos de distintas edades y personalidades, y con cada uno trato de crear un vinculo, de respetar espacios, acompañar procesos y dar amor. Es algo que se ve bastante; mi generación trata con muchas ganas de maternar conscientemente. Me gusta buscar información sobre crianza y también sobre las cosas que ellos hacen, los juegos que eligen. Me permite acompañarlos y también estar alerta”, evalúa la mamá de Isabella (11 años), Gina (cinco años) y Apolo (un año y ocho meses).

CUIDARLOS Y CUIDARSE. Gabriela junto a Isabella, Gina y Apolo. la gaceta / foto de Analía Jaramillo

Gabriela cuenta que nunca dejó de estudiar y de hacer las cosas que le gustan. “Tuve momentos en que sentía que no podía; realmente amo mi profesión, pero a veces estoy muy cansada y les digo: fin del servicio, hasta mañana”, detalla la comunicadora social.

Los límites son importantes para esta mamá, pero según ella el respeto por sus hijos es más relevante. “Es fundamental escuchar; los hijos de muchas maneras nos dicen qué necesitan. A veces, por supuesto, siento culpa por no poder estar en todo al 100%. Pero entiendo que la culpa no sirve”, apunta. “A los tres les di teta a libre demanda. Mi bebé Apolo toma cuando llega del jardín. También apoyo el colecho”, agrega.

Con su hija mayor tienen un juego especial: se llama “promesa de meñique”. “Consiste en eso, si antes de hablar nos agarramos el meñique, es una charla de amigas; no puedo juzgar, solo la escucho. No intento ser una amiga, porque se que mi rol de madre es superlativo, pero quise dejar una puerta abierta por si alguna vez me necesita de esa manera. Pienso que criar es acompañar sus caminos, planteos y no tener miedo de abrir la cabeza”, sostiene la profesional.

Y concluye: “también creo que cuidar de una misma es importante: estudiar, trabajar, ir al gimnasio o salir. Todo esto es saludable para maternar y es un buen mensaje para darles a ellos: cuidamos de los demás y cuidamos de nosotras. Para hacerlo, por supuesto, tiene que estar presente el papá en su rol. Y hay una red, una abuela, una tía, una contención. Porque no somos súper mamás y no hay por qué serlo”.